La metaficción trata el arte de manera referencial y, a la vez, ficcional. Dicho de otra manera, cuando un escritor hace referencia a su persona en una obra literaria, es metaliteratura. Cómo es un término mucho más amplio se usa la palabra metaficción, que puede referirse a cualquier arte y es más inclusiva.

En el caso de la metaficción en la literatura, es la manera autorreferencial en la que un escritor hace referencias a su persona, a sus vivencias y las ficciona. El meta determina que el escritor también puede reflexionar sobre ellas. Este es un estilo de escritura que alerta al lector que se encuentra ante una obra de ficción, donde la frontera con la realidad es muy frágil.

La metaficción como estrategia narrativa

La metaficcion como estrategia narrativa resulta un excelente método de interactuar con el lector. Cómo el escritor usa muchas máscaras dentro de su realidad ficcionada, lo que hace es mostrar la realidad cotidiana junto a un mundo paralelo, introduciéndose en la misma ficción como un personaje real.

En definitiva, la metaficción como estrategia narrativa puede ser más o menos efectiva, en dependencia del talento de cada autor como cualquier otra técnica literaria. A través de ella se  logra que el lector participe en la ficción y la haga suya, pero sobre todo es un recurso en el que la ficción es evidente y el lector lo sabe.

La metaficción como autoconciencia

La metaficción como autoconciencia del escritor respecto a su entorno y la sociedad en la que vive, cuestionándola y cuestionándose, es muy empleada. Por ejemplo:

  • Cuando un personaje pregunta o busca al autor.
  • El autor pide explicaciones al personaje.
  • El autor se incluye como personaje en la ficción.
  • El autor cuestiona la realidad de la ficción y la suya.
  • El autor se refiere a la ficción de la realidad.
  • Los personajes se rebelan contra la trama del autor, salen y crean otra realidad
  • El autor rompe la ficción con la realidad.
  • El autor juega sobre el proceso de creación de su obra.
  • El autor salta de la ficción a la realidad, y viceveresa con juegos de palabras.

Ejemplos de novelas metaficionales

Uno de los ejemplos más clásicos lo encontramos en el Ulises de Joyce o en los Cuentos de Canterbury de Chaucer.

Es imposible obviar a Jorge Luis Borges, que ha hecho gala en alguno de sus relatos de este recurso literario. Algo semejante ocurre en Un vacío perfecto y Un valor imaginario de la autoría de Stanisław Lem y por supuesto, uno de los más fuertes ejemplos es Miguel de Unamuno en su novela Niebla.

Otro ejemplo es el que emplea Julio Cortázar en Continuidad de los parques. En este la narración toma un giro bien interesante, pues finaliza en el momento en el que el hombre de la historia llega para asesinar al que está leyendo la novela. Algo semejante ocurre, por ejemplo, cuando Cervantes, en la segunda parte del Quijote, se refiere a una segunda obra de un tal Avellaneda con el mismo título que la suya.

La metaficción es un recurso muy interesante a la hora de dar un giro a la trama o destacar la relación del autor con su obra, y se la asocia con el fenómeno cultural del posmodernismo. No obstante, escritores como Cervantes o Borges no fueron posmodernistas.

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