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En cualquier texto literario, el narrador constituye un elemento fundamental. Para que tu obra cumpla sus objetivos comunicativos y estéticos, es imprescindible tener en cuenta los distintos tipos de narrador que existen y elegir cuál te conviene más.

En este artículo, te ayudaremos a conocer las modalidades más importantes. Te daremos los ejemplos necesarios y comentaremos a qué géneros literarios se prestan mejor.

En tus primeros pasos en la escritura creativa, intenta familiarizarte con los puntos de vista que cada tipo de narrador permite y con sus características técnicas.

A medida que desarrolles el hábito de escribir, estos conceptos te resultarán cada vez más naturales. Antes de lo que te imaginas, sabrás decidir cuál le conviene más a tu historia y podrás aplicarlo casi instintivamente.

El narrador en primera persona

Todo el mundo ha escrito alguna vez en primera persona, ya sea en un diario o en una redacción escolar. Es la opción más natural a la hora de elegir cómo contar una historia. Sin embargo, eso no significa que sea la más fácil o la más limitada.

¿Cuál es la premisa básica? «Yo y mi circunstancia», como diría Ortega y Gasset. Novelistas de enorme prestigio como Javier Marías, Vladimir Nabokov o J. D. Salinger han optado por este tipo de narrador. Como veremos, cada uno ha explotado en él sus propios intereses. Veamos tres modalidades:

  • El narrador confesional. «No he querido saber, pero he sabido…». Así empieza Corazón tan blanco de Javier Marías, cuyo protagonista narra la historia en primera persona. Esto permite explorar a fondo su subjetividad, sus reflexiones, deseos, dudas y miedos. Por ello, esta técnica es óptima para un texto con voluntad psicologista, como demostró Ernesto Sábato en El túnel.
  • El tipo de narrador no fiable. ¿Quién no ha mentido nunca? Uno de los juegos más estimulantes que permite la primera persona es que el lector quizá deba desconfiar de lo que cuenta el narrador. Una de las cumbres de esta tensión la plantea Vladimir Nabokov en Pálido fuego.
  • El narrador naíf. Esta es una opción muy popular para la literatura infantil y juvenil, aunque también se emplea en la literatura para adultos. ¿El truco? Dar voz a un protagonista con un punto de vista ingenuo, infantil o naíf. Puedes conseguir un gran efecto cuando tu lector tiene más información o entiende mejor las circunstancias que el propio protagonista. El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, o La casa en Mango Street, de Sandra Cisneros, son dos buenos ejemplos.

El narrador en segunda persona

La tensión: ese es el atractivo principal de los tipos de narrador en segunda persona. Sin duda, son mucho menos frecuentes porque entrañan cierta dificultad técnica. Pese a ello, descartarlos sería un error. Bien manejados, los narradores en segunda persona pueden ser increíblemente efectivos.

¿Cuál es su rasgo distintivo? Que pueden interpelar directamente al lector. Fijémonos en el memorable comienzo de una novela del posmodernismo italiano: «Estás a punto de empezar a leer Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto».

A eso se le llama metaliteratura. Y, sobre todo, a eso se le llama empezar una novela con valentía. ¿Qué opinas ahora, vale o no la pena narrar en segunda persona?

Cuando está escrito en presente, este tipo de narrador facilita mucho la creación de tensión y suspense. Otro efecto que puede conseguirse es el de diálogo.

En la literatura española de las últimas décadas, quizá el ejemplo más conocido sea Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, donde una viuda habla con el cadáver de su marido.

El narrador en tercera persona

Si piensas en los cuentos que te leían de niño, recordarás que el tipo de narrador más frecuente es en tercera persona.

De hecho, la novela moderna se formuló y evolucionó gracias a ella. Para empezar, distinguiremos dos grandes tipos de narrador en tercera persona: externos e internos.

  • Los narradores externos cuentan la historia sin ser partícipes de ella. Esto tiene muchas repercusiones. Para el lector, un narrador externo es casi invisible, apenas un ente abstracto que tiende a identificar con el autor (aunque esto es erróneo). En el universo literario, es un sucedáneo de Dios, porque crea un mundo a su voluntad y desde fuera. Por ello, puede ser omnisciente: lo sabe todo, incluso lo que para los personajes o para un humano sería imposible de saber. Madame Bovary, de Gustave Flaubert, o Ana Karenina, de León Tolstói, son ejemplos canónicos.
  • Los narradores internos, en cambio, forman parte de la historia. Son personajes que, de una u otra forma, se relacionan con los personajes o los acontecimientos narradores. Al ser humanos, a menudo son narradores equiscientes, es decir, no disponen de toda la información.

Algunos consejos sobre narradores

No olvides que a lo largo de una novela puedes intercalar múltiples narradores. Por ejemplo, intenta que un personaje cuente una anécdota en segunda o tercera persona durante unas páginas y luego vuelve a la primera. Si escribes relatos, experimenta sin miedo para ver qué puertas se te abren.

Ahora bien, ponte retos técnicos a tu medida. No hace falta combinar muchas técnicas para escribir un gran libro. Es cierto, con veinticuatro años Mario Vargas Llosa escribió La ciudad y los perros, una novela coral en la que varios tipos de narrador se alternan mediante la técnica de los vasos comunicantes.

¿Y qué? No necesitas seguir ese modelo. Al principio, evita desafíos desorbitados. Hay novelas magníficas con una técnica narrativa sencilla: El extranjero, de Albert Camus, causa una honda impresión con solo cien páginas narradas de manera lineal en primera persona. Algo similar sucede con El jugador, de Fiodor Dostoviesky.

Primero, elige lo que de manera íntima quieras contar. Luego, piensa en los tipos de narrador que mejor se ajustan a esa idea, sin que la prioridad sea conseguir un planteamiento narrativo ultracomplejo, innovador o rupturista.

Además, recuerda diferenciar entre narrador y autor; incluso cuando escribas en primera persona, la voz de tu personaje no tiene por qué ser la tuya. Define cuál es la voz que narra y sé coherente con ella. Evita que se cuelen rasgos del escritor en el personaje.

Si estos consejos te han parecido útiles, puedes ampliarlos leyendo nuestras pautas de escritura.¡Buena suerte!

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