maquinas de escribir antiguas

Máquinas de escribir antiguas: las mejores marcas y modelos

Máquinas de escribir antiguas: las mejores marcas y modelos
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Es un secreto a voces que los letraheridos tienen propensión a la nostalgia y el fetichismo. Pocas cosas lo evidencian mejor que su fascinación por las máquinas de escribir antiguas. ¿A qué se debe ese poder seductor de una Olivetti o una Olympia? ¿También tú sientes esa debilidad?

Según ciertas teorías, cuando un dispositivo tecnológico queda desfasado, cobra un valor estético nuevo. Sea por eso o, sencillamente, porque son hitos del diseño, las máquinas de escribir todavía tienen abundantes admiradores, usuarios y coleccionistas.

En este artículo, repasamos algunas de las marcas y modelos más icónicos. Dos ventajas están garantizadas: escribirás sin distracciones y tendrás toda tu obra en papel.

Las Olivetti: un hito cultural

«Mítica». Pocos adjetivos definen mejor a esta casa de máquinas de escribir, cómplice y testigo de la historia de la literatura moderna. ¡Hasta el MoMA de Nueva York le dedicó una exposición!

Olivetti se funda en 1908 en Turín, Italia. En 1911, presenta la M1, hoy una pieza de museo. Durante treinta años, su expansión internacional fue imparable. Sin embargo, las máquinas de escribir todavía pesaban demasiado para ser transportables.

olivetti m1 maquina escribir

Buen ejemplo de ello es la Lexicon 80, de 1948. Sus 20 kilos la condenaban a permanecer en la oficina o en el salón de una familia pudiente. Pero todo cambió en 1950, con la llegada del plástico. La revolucionaria Lettera 22, con tres kilos de peso, se podía transportar cómodamente.

Por su combinación de funcionalidad y estética, el Illinois Institute of Technology la considera el mejor diseño de producto del siglo XX. Pero todo es mejorable, como demostraron la Lettera 25, la 32 y la 35.

Cada nuevo modelo era más ligero, ergonómico y fácil de usar. Por eso fue la favorita de Cormac McCarthy, Philip Roth, Thomas Pynchon, Martin Amis, John Cheever o Ian McEwan, entre otros.

Después de Lettera, llegarían nuevas series. Una muy popular es la Olivetti Studio, con los modelos 44, 45 y 46. Otro, la roja Olivetti Valentine, de 1969, producida en España. Todas se pueden encontrar fácilmente en el mercado online.

A finales de los 60, la empresa empezó a comercializar modelos electromecánicos. A efectos prácticos son más eficaces, para algunos pierden parte de su encanto.

En 1994, frente al auge de los ordenadores, Olivetti paró la producción de máquinas de escribir.

Olympia

Otra destacada marca de máquinas de escribir es la alemana Olympia. Johannes Krüger fue su histórico diseñador en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.

Durante los años 30, sus principales modelos fueron la Olympia Elite, la Olympia Progress y la Olympia Plana. Por motivos legales, algunas se comercializaron en Alemania oriental con el nombre de Optima.

A partir de los años 40, su serie estrella fue la SM, que culminó en los años 70 con la Olympia SM 9, una opción preferida por muchos escritores.

olympia sm 9

Si te estás planteando comprar una, puedes ver una excelente explicación de la evolución de las Olympia aquí.

Remington

Ante la industria italiana y alemana, Estados Unidos desarrolló su propio mercado. Quizá la más recordada de entre sus antiguas marcas sea Remington, que dejó de producirse en 1955. Mark Twain hizo publicidad de la Remington 2. Agatha Christie también lo usaba.

remington 2

Otro modelo muy estético es la ondulada Remington Quiet-Riter, de 1952. Aun hoy puede comprarse en Internet por menos de 100 dólares. La roja y negra Remington Starfire o la Remington Bantam son dos piezas de coleccionista. ¿Qué priorizas, usabilidad o estética?

IBM, Underwood, Corona y otras marcas preferidas de los escritores

Muchos autores optaron por marcas un poco menos populares. Ernest Hemingway, por ejemplo, fue un devoto de la Royal Corona (en sus modelos 2, 3 y 4).

Ya en los 60 y 70, Isaac Asimov y Hunter S. Thompson se decantaron por la moderna IBM Selectric, que permitía teclear más rápido gracias a un mecanismo nuevo.

Sylvia Plath, por su parte, utilizaba una Hermes 3000. Máquina que, por cierto, se vendió hace poco en subasta por 32,500 dólares.

Víctor Rodríguez Martín

Me encargo de las secciones ligadas a la tecnología. Cuento con estudios en Ciencias de la información y con un máster en periodismo científico. Mis dos pasiones son la ciencia y la escritura. Me mantengo siempre al tanto de las herramientas y recursos que la tecnología ofrece para escribir en mejores condiciones.

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